Hemos vivido una larga campaña electoral. Se inició anticipadamente con la intervención indebida del Presidente de la República destapando a sus “corcholatas”, como fueron bautizados los candidatos por el sentir popular. Unas pre-pre campañas anticipadas disfrazadas por parte de Morena, que terminaron por contagiar a la oposición, presionada por los medios de comunicación que luego la criticarían, indicando que no estaban haciendo nada para contrarrestar esa irregularidad. Por su parte, el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación actuaron con tibieza e incertidumbre. Sus decisiones no fueron tomadas en cuenta por parte del Presidente de la República, que tenía entre ceja y oreja el propósito de anular a las instituciones autónomas que no se le alinearan.

 

Sin embargo y, a la postre, el clima que se generó en este contexto, acompañado por iniciativas presidenciales aprobadas al vapor por el Congreso y anuladas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lograron algo que no se había visto antes, un despertar cívico político sin precedente por la forma como se fue conformando hasta culminar en la marea rosa, que lo mismo defendió al INE, a la Suprema Corte y a la República, decantándose finalmente a favor de la candidata Xóchitl Gálvez, frete a la constructora del Segundo Piso de la 47, respaldada por todo el poder del Estado Federal y de los estados de la República gobernados por Morena.

 

Hemos vivido, además, una etapa de violencia criminal en contra de candidatos y políticos sin precedentes, que se suma a la inseguridad pública que ha prevalecido en el sexenio por el negativo mensaje presidencial de “abrazos y no balazos” al crimen organizado, con saludos afectuosos a la mamá del Chapo Guzmán, y la liberación del chapito en Culiacán cuando ya lo habían detenido. Al mismo tiempo, el número de periodistas asesinados ha roto récord.

 

El mensaje que reiteradamente se ha enviado desde la Presidencia de la República en las famosas mañaneras, ha sido de división, intolerancia, crítica y ofensa a quien no se somete u osa criticar acciones o expresiones del Ejecutivo. Acciones que sutilmente han sido acompañadas con actos de represión disimulada a algunos de los críticos. Entre ellos, extraños movimientos de comentaristas en los medios de comunicación y colocación estratégica de voceros favorables al Presidente.

 

Otro hecho sin precedente fue la renuncia y alineamiento de Arturo Zaldívar, quien fuera presidente de la Suprema Corte, a la campaña de Claudia Sheinbaum, previa reforma del Poder Judicial y la provocación de López Obrador impulsando su reelección, cuando eso estaba fuera de la Ley. Pero ya sabemos que el Presidente de la República no quiere que le salgan con que “la ley, es la ley”. Y luego dice que no hay autoritarismo.

 

Este clima es el que, al final, provocó que los partidos de oposición PAN, PRI y PRD, tradicionalmente antagónicos y con líneas de pensamiento totalmente diferentes, hicieran a un lado aquello que los separaba para unirse en un frente común y enfrentar lo que muchos vemos como una regresión democrática y una amenaza de un autoritarismo radicalizado. Ello en medio de una propaganda que busca ocultar la ineficiencia y la corrupción que ha privado en el actual sexenio.

 

A muchos sorprende que partidos tan diferentes estén unidos en torno a una candidata que, curiosamente, surgió como consecuencia de la intolerancia presidencial, negándole el derecho a rectificar afirmaciones falsas que hizo sobre ella. Fue una candidatura emergente, ya que ni ella se veía en el escenario de la batalla presidencial, pero que, curiosamente, al no ser una militante partidista, aunque ha sido respaldada por diferentes partidos para llegar a cargos públicos, abrió la coyuntura para que, en calidad de candidata ciudadana, finalmente fuera apoyada por los tres partidos, allanando la dificultad que hubiera representado que fuera un militante de alguno de ellos encabezara a la oposición.

 

Finalmente, hay que señalar que el clima se ha enrarecido de tal manera, que el Episcopado Mexicano ha hecho continuos llamados a favor de la paz, e, incluso, Monseñor Rogelio Cabrera, presidente del Episcopado Mexicano, al referirse al comunicado que emitieron y el llamado a realizar una jornada de oración, la calificó como un SOS.

 

Ahora toca a todos los mexicanos la movilización definitoria del futuro sexenio en las elecciones más grandes que se han registrado en el país: la llamada marcha hacia las urnas para emitir el voto. Ha sonado la hora y nos toca responder.

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SIRVIENDO A LA SOCIEDAD

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