Fue el jueves 13 de septiembre de 2018 cuando el alcalde vigués Abel Caballero inauguró lo que ya se conoce como el “efecto Vigo” inauguración que hizo al anunciar que “vamos a poner 9 millones de lámparas led, 25 árboles…Que sepan los alcaldes de Londres, Tokio, Nueva York, París y Berlín que vamos a ser el no va más”.

 

El caso es que, a partir de esa fecha, Vigo se ha vuelto famoso por la excesiva abundancia de luces navideñas que engalana tan importante ciudad del noroeste español.

 

Antes del llamado “efecto Vigo”, siempre que llegaba diciembre, los hoteles estaban vacíos puesto que Vigo no era un escenario contemplado para pasar unos días de descanso en invierno.

 

Ahora bien, de cinco años a la fecha, el escenario ha cambiado puesto que la repercusión mediática que han tenido las luces navideñas ha provocado que sean miles los turistas que visitan Vigo entre fines de noviembre y principios de enero.

 

El caso es que algunos restaurantes y hoteles duplican e incluso triplican sus ingresos durante esta época.

 

Es tal la explosión turística que existen tiendas en las que sus ventas crecen hasta un 40 por ciento, ampliándose el período de compras.

 

Todo un fenómeno de masas que está siendo imitado en gran parte de España.

 

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas puesto que el tema del alumbrado navideño vigués, al igual que ocurre con la luna, tiene también su cara oculta.

 

Es tal la afluencia de turistas que llegan a Vigo que dicha ciudad, cuya población es de 300 mil habitantes, se ha visto colapsada.

 

Un colapso que, junto con la derrama económica, provoca atascos de tráfico, ruido, contaminación y que los comerciantes –al ver como abunda el dinero- aumenten los precios provocando inflación.

 

Una inflación que llegó para quedarse puesto que resulta ilusorio pensar que en enero –cuando el alumbrado se haya apagado- los precios regresen a su nivel anterior.

 

El ruido es tan ensordecedor en algunas partes de la ciudad que los vecinos pasan las de Caín puesto que durante más de mes y medio les resulta imposible conciliar el sueño.

 

Entretanto el alcalde echa faroles jactándose de que sus luces se ven hasta en Nueva York.

 

Aquí lo que realmente resulta penoso y que a todos nos entristece es que se pierda el auténtico significado de la Navidad.

 

Qué lástima que el Adviento que debería ser un tiempo de austeridad y de preparación para recibir al Dios que se hijo hombre naciendo en un humilde pesebre haya degenerado hasta transformarse en la gran fiesta del consumismo.

 

Un consumismo feroz que nos incita a comprar por comprar, aunque lo que compremos no sea necesario.

Un consumismo feroz que con nuestros regalos aprovechamos para cubrir compromisos, entablar relaciones e incluso cometer sobornos.

 

Hace algunas semanas, con fecha 12 de diciembre, festividad de la Virgen de Guadalupe. Monseñor Héctor Aguer, Arzobispo Emérito de La Plata (Argentina) publicó un artículo titulado “La desaparición de la Navidad”

 

Citamos textualmente:

“A la altura de la segunda semana de este tiempo litúrgico, antes de la mitad de diciembre, ya aparecen las consabidas ofertas que aprovechan el espectro de la Navidad para incitar al consumo, en el período final del año, hasta el primer día del siguiente. La invitación al consumo asume, en las publicidades comerciales –e invariablemente- la expresión “¡Llegan las Fiestas!”, a lo que se añade: “¡Celebremos!”.

 

“La Navidad ha desaparecido; el nombre mismo ya no resuena más. Los símbolos que ahora se imponen son el arbolito y Papá Noel”.

 

Consideramos que la lectura y reflexión de los párrafos citados de Monseñor Aguer ponen cada cosa en su lugar y nos ayudan a comprender como los alardes fantoches de un alcalde populista no remedian las necesidades del pueblo, sino que –a fin de cuentas- acaban creando una serie de problemas que antes no existían.

 

Tengamos presente una idea medular: El tiempo anterior a la Navidad (Adviento) no es un tiempo de frivolidad y consumismo.

 

Nada de eso. El Adviento es un periodo de reflexión y austeridad encaminado a celebrar aquel momento en que en Belén tuvo lugar la plenitud de los tiempos: EL NACIMIENTO DE CRISTO.

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