Porfirio Muñoz Ledo, diputado federal de Morena impulsor de la transición a la democracia desde la década de los 80s declaró hace unos días: “hay una degradación política en curso” y que la acumulación de poder del Presidente López Obrador lleva a la restauración autoritaria, lo que se manifiesta en el embate contra el pensamiento crítico y los organismos constitucionales autónomos, lo que advierte, es una política despótica.

 

No son menores los señalamientos al Presidente y conductor de la 4T que provienen no de un líder político de derecha o de la oposición, sino de un líder histórico de la izquierda y del mismo núcleo político impulsor del proyecto que ahora gobierna México.

 

Pero, ¿estamos solo ante un caso de regresión hacia un gobierno autoritario de izquierda como lo fue el de Luis Echeverría en 1970, aún con toda la gravedad que esto implica, o vivimos realmente la deconstrucción de nuestro sistema democrático constitucional para implantar una dictadura?

 

John Ackerman, uno de los ideólogos y asesores del Presidente, ya expresaba poco antes de ganar las elecciones, que el triunfo electoral nada lo podría evitar, y que vendría la gran transformación del sistema político, en la que habría que poner atención a los dos únicos actores que podrían entorpecer y oponerse a la gran transformación en puerta: el Ejército y la Iglesia.

 

Masha Gessen en su libro” Sobreviviendo a la Autocracia”, indica tres etapas para llegar a la dictadura, la tentativa, la ruptura y la consolidación. En la 4T pareciera que las etapas se recorren simultáneamente y que en apenas poco más de dos años se está consolidando el proceso.

 

En la etapa de “la tentativa”, el autócrata, pretende robustecer las condiciones favorables a su proyecto en el Poder Legislativo, en el Poder Judicial y los medios de comunicación; para conseguirlo ataca y descalifica a sus críticos, vulnera la credibilidad de los medios de comunicación y miente sin ningún recato sobre los hechos públicos generando confusión informativa, imponiendo así su narrativa. Lo sucedido en el Congreso en estos poco más de dos años nos muestra a legisladores sometidos al grado de aprobar sin análisis ni debate, sin modificar una coma, iniciativas del Presidente como la Ley de la Industria Eléctrica, a pesar de su evidente inconstitucionalidad.

 

Hemos visto a la Suprema Corte de Justicia, someterse a caprichos del Ejecutivo que vulneran el Estado de Derecho, como preguntar a la población en consulta si se aplica la Ley por posibles acciones ilegales de expresidentes, o responder tímidamente en la persona que encabeza el Poder Judicial a una carta de insultos y descalificaciones ante la fundada y motivada resolución de un Juez de Distrito que admite una demanda de Amparo y suspende conforme a derecho el acto impugnado que no le gusta al Presidente.

 

Hemos constatado casi a diario iracundos ataques desde Palacio Nacional a los medios de comunicación y a periodistas que en el ejercicio de su libertad de información, de comunicación y prensa se atreven a disentir o a  plantear un cuestionamiento o una visión distinta al Presidente. Muy larga es la lista de los periodistas que han tenido que dejar su espacio informativo ante el embate presidencial; del que no está exenta hasta la misma agencia de noticias del Estado, Notimex en crisis desde hace meses sin que se respeten los derechos laborales y humanos de sus mismos trabajadores.

 

Se llega a la segunda etapa, “la ruptura”, cuando ya no es posible detener al autócrata por la vía de las elecciones, ya que se causa un daño severo a la democracia vulnerando y sometiendo el sistema electoral, minando su autoridad, afectando su credibilidad, provocándose la abstención y dando acceso al fraude.

 

Largo ha sido el camino de la democracia mexicana, para construir sus instituciones democráticas, desde las luchas de los 80’s que llevaron a la creación de la credencial de elector con fotografía el IFE y el TRIFE, para que hoy veamos los ataques al árbitro electoral desde el poder público, como jamás se había visto ni pudiéramos imaginar; cuando aspirantes a candidatos como Salgado Macedonio a la gubernatura de Guerrero amenazan con que impedirán las elecciones en ese estado si no se le otorga su registro como candidato, cuando violó la Ley electoral por lo que le fue negado por el INE así como al aspirante de Morena a la gubernatura de Michoacán.

 

Hemos visto también las presiones, las bravatas y las amenazas contra el INE y el Tribunal Electoral desde el líder de la mayoría de Morena en el Congreso, el diputado Mario Delgado que plantea la desaparición del INE si no se somete a sus caprichos y todo esto respaldado e inspirado desde el ocupante de Palacio Nacional a quien no le preocupa en lo más mínimo respetar la ley que le exige estar al margen del debate electoral.

 

La “consolidación” es la etapa final en la que el autócrata y el séquito de quienes incondicionalmente lo apoyan acumulan y concentran para sí poder y riqueza, pasando por encima de toda Ley. A la vista están los escandalosos casos de Manuel Bartlett que goza del respaldo absoluto del Presidente en su impunidad o de Salinas Pliego el magnate de la televisión que día a día hace negocios bajo el cobijo del poder público causando solo escándalo y notas en la prensa internacional.

 

El mayor éxito del Presidente es tristemente la concentración de poder, como lo refiere Muñoz Ledo y la polarización de la sociedad mexicana a la que todos los días repite que solo hay “conmigo o contra mí”, superando con creces aquel dicho del expresidente Salinas de Gortari a sus críticos de “ni los veo ni los oigo”, para llegar a la descalificación el insulto y el vituperio.

 

En reciente Conversatorio organizado por Misión Rescate México y el CEPOS, think tank del sector privado mexicano, Leopoldo López líder opositor venezolano, preso 7 años en su país por oponerse a la dictadura y hoy exiliado en España, hizo un recuento de la gravísima crisis ya no solo democrática sino humanitaria que sufre Venezuela y que ha provocado el éxodo migratorio más grande de los tiempos modernos, con 7 millones de exiliados; del que resalto los siguientes comentarios, pues como dice el refrán “debemos poner nuestras barbas a remojar”

 

En 2013 afirmó, se ganaron las elecciones presidenciales en Venezuela, Capriles vs Maduro, pero fueron sometidas la ciudadanía y las protestas en las calles, su movimiento deliberó si se podía seguir llamando al régimen venezolano un “autoritarismo competitivo” como algunos lo consideraban desde la academia, o se estaba ya frente a una dictadura.

 

Concluyeron esto último, la represión y persecución que sobrevinieron lo confirmó.

 

Dentro de los signos evidentes de la dictadura destacó:  la sustitución de las élites empresariales por liderazgos sumisos al Estado, que de su mano continúan usufructuando los restos de la economía quebrantada; las Fuerzas Armadas controladas y en complicidad con el dictador; la educación pública y privada cooptada por la ideologización marxista que confronta y divide; los medios de comunicación sometidos y controlados; la Iglesia Católica como alivio en su labor humanitaria pero excluida de cualquier diálogo y escucha desde el poder; la sociedad civil desarticulada y los partidos políticos pulverizados; aunque sigue viva la esperanza de libertad.

 

Ahora se anuncia en México la creación al vapor, en dos semanas, de nuevos libros de texto, para plantear la ideología de la 4T que debe llevarse a las conciencias de los niños, aunque no les guste a sus opositores, según sentenció el Presidente, único intérprete del pueblo bueno.

 

En tanto en el Senado y la Cámara de Diputados están por votarse leyes y reformas promovidas por Morena, que atentan contra el derecho a la vida de los mexicanos, contra la integridad del matrimonio y la familia, el derecho a la patria potestad de los padres para educar a sus hijos menores conforme a sus principios y valores y restricciones contra la libertad religiosa.

 

¿Estamos frente a una regresión democrática o en los albores de la dictadura?

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No. 348

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SIRVIENDO A LA SOCIEDAD

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