“En 2030 serás feliz y no tendrás nada”, rezaba el lema de Foro Económico Mundial que por fin fue explicitado de forma muy tajante en enero de 2021. El Foro Económico Mundial (FEM), es una fundación con sede en Ginebra y que sobre todo es conocida por su asamblea anual en Davos, Suiza (el conocido “Foro de Davos”). Allí se reúnen los principales líderes empresariales, los líderes políticos internacionales, así como periodistas e intelectuales selectos, a efectos de analizar los problemas del mundo, y entre ellos, la salud y el medio ambiente desde 1971, año en que fue fundada por Klaus Schwab. Suyo es el libro “El Gran Reset”, una propuesta para “reconstruir la economía de manera sostenible tras la pandemia de COVID-19” presentada en mayo de 2020 por el Príncipe Carlos de Inglaterra y el propio Schwab.

 

Eso, al menos, es lo que dicen ellos de sí mismos.

La realidad, como todo, tiene parte de esa versión, pero no ocultan los verdaderos intereses que les reúnen una vez al año. Realmente el foro de Davos es un club elitista dirigido por los poderes financieros mundiales, y aunque reconocen que no tienen ánimo de lucro, lo cierto es que en lo único que piensan es en el lucro. Puede ser que no se produzcan transacciones económicas o de bienes en la misma cumbre, pero ahí se negocian ideas y futuros, agendas y planes que, ciertamente, pretenden tener incidencia sobre las políticas económicas y sociales de la humanidad.

 

Pero, ¿por qué se empeñan en que no tengamos nada?

¿Por qué la ONU, junto con las élites financieras de Davos, ha decidido que para el 2030 lo mejor es que las clases medias renuncien a las comodidades del mundo moderno, y por lo tanto a tener en propiedad un coche o, como sugiere Bill Gates, a viajar en avión?

 

¿Por qué mientras tanto están haciendo todo lo posible para eliminar todo lo que represente libertad de acción? Recordemos, en lo tocante a la libertad de expresión, toda la polémica relacionada con la censura en redes sociales, que es unilateral y asumida por todas las grandes empresas tecnológicas. Pero no solo eso, en lo relativo a la libertad financiera, se está haciendo todo lo posible para que los inversores particulares no entren al juego de las criptomonedas, ni a la compra-venta de materias primas como el oro y la plata. Si hablamos de la libertad de educación, todas las iniciativas discurren en la dirección de quitar capacidad a los padres para elegir qué es bueno para sus hijos. Si hablamos de libertad religiosa, no tenemos más que fijarnos en el escaso apoyo que estas élites están ofreciendo a los mártires cristianos del norte de África. Como si el genocidio cristiano no fuera una realidad diaria y constante que nos martillea la conciencia.

 

Todo ello son cosas que las élites financieras y políticas no son capaces de controlar con sus mecanismos anticuados. Y el problema fundamental es que ya se han quedado sin ideas porque todo ha fracasado.

 

Hagamos un poco de memoria. Cuando en 1917 vence el comunismo en Rusia, se presentó como una filosofía práctica que enfrentaba al obrero con su patrón. A la víctima histórica con el verdugo. Y hay que decir que funcionó, consiguió el poder y lo retuvo durante más de 70 años. Pero es cierto que a mediados de los 60, tras millones de muertos y un fracaso colectivo como sociedad y a nivel humano, ya nadie era capaz de defender el marxismo como una opción política, ni siquiera bajo la excusa de que no había estado bien aplicado. El capitalismo quizá aguanto un poco más, pero la deshumanización producida por el hecho de aplicarle un valor económico a toda transacción, acabó con todo lo que daba sentido a la libertad humana.

 

Ni comunismo ni capitalismo habían funcionado. No aguantaron más de 100 años cada uno. Lo que sí funcionó fue la capacidad de ambas filosofías de dotar de un poder inconmensurable a los dueños del cuadro de mando. El marxismo fracasó y provocó cientos de millones de muertos, el capitalismo fracasó y provocó la ruina moral, y la exageración de las desigualdades intra e internacionales. Pero las élites se fueron haciendo cada vez más poderosas, con ese tipo de poder que uno pierde cuando las clases medias ganan libertad. Por eso tuvieron que reconvertirse. El marxismo siguió aplicando su teoría del materialismo histórico, y se lanzó a la búsqueda de más víctimas para enfrentarlas con sus verdugos, y si éstas no existían había que inventárselas. Convencieron a los gays de que estaban siendo oprimidos por los heterosexuales, convencieron a las mujeres de haber sido esclavizadas por los hombres, convencieron a los negros de que todavía no eran verdaderamente libres de los blancos. Y esa es la estrategia neomarxista hoy por hoy: convencer de que están siendo oprimidos y ponerse ellos enfrente de la manifestación para librarles de una opresión que no existe. Conviene por tanto, es bueno para el poder, que la gente se sienta victimizada por el motivo que sea, pero sobre todo que eso que les hace víctimas les defina como personas. El gay es solamente gay, la mujer es sólo mujer, y el negro es sola y únicamente negro.

 

La élite capitalista por otro lado no quiso jugar el papel de las ideas, pero sí el de la manipulación financiera, plenamente conscientes de que dinero y poder están íntimamente ligados. Intentaron salir de las diversas crisis financieras a través de, especialmente en el siglo XXI, una bajada de tipos de interés que en algunos casos ya están en negativo, combinado con la impresión de papel hasta límites insospechados, de tal forma que ya el dinero no vale nada. No se soporta sobre nada. Hace un siglo eI billete era la representación de una participación del oro que existía en el banco central de cada país, pero ese patrón oro ya no existe y hoy los bancos centrales pueden imprimir más dinero y e inundar el mercado, o abrir la deuda de los países de forma irresponsable, únicamente para gastar ese excedente en comprar votos. ¿Votos de quién?, de las víctimas que ha creado de la nada el marxismo.

 

Es la simbiosis perfecta: el posmodernismo (marxismo de nuevo cuño) crea víctimas para liderarlas, mientras que el capitalismo las compra invirtiendo en ellas. Crear un ministerio de igualdad para enfrentar a hombres contra mujeres, regar con dinero público a asociaciones, fundaciones ideológicas (chiringuitos) etc. Forzar políticas de género o antinatalistas en los países que necesitan ayuda internacional, o que los gobernantes se dediquen a pintar de un color u otro las calles o los puentes, no es más que una expresión de ello. Capitalismo y Marxismo trabajan juntos en las diversas organizaciones mundiales. Eso se ve con toda claridad en las dos agendas de dos organizaciones mundiales bien distintas, la ONU y el mencionado foro de Davos. Si uno analiza ambas agendas se da cuenta de que son exactamente lo mismo, la agenda 2030 de la ONU y el gran reset del Foro Económico Mundial son exactamente lo mismo.

 

Pero ¿por qué ahora han decidido que el 2030 es el momento y por qué precisamente es ahora cuando se han puesto muy nerviosos intentando impulsar esta agenda?

 

Pues, como ya hemos comentado, por el sencillo motivo de que se les están acabando las ideas y se están dando cuenta de que ni la gente ni la economía van a aguantar mucho más esta dinámica.

 

El único siguiente paso lógico en la escalada de la victimización ya roza límites que ni la mente más truculenta hubiera podido imaginar. Hemos pasado por el divorcio, por el aborto, por el matrimonio homosexual, por la eutanasia, lo siguiente ya es la ruptura de las familias y el ataque a los derechos de los niños. Y aunque toda esta parafernalia querer parece que está dominando la narrativa, lo cierto es que las familias están cansadas (aunque muy perdidas).

 

En materia económica, la máquina del dinero ya no puede imprimir más billetes sin que se produzca una inflación sin límites (más no se pueden bajar los tipos), que lo único que puede llevar es a la ruina de los países y por lo tanto de estas élites. Se tiene que rehacer completamente el proceso de consumo porque va a ser absolutamente imposible adquirir un bien. Pero sí alquilarlo al dueño de ese bien.

 

Adivinen quien pretende ser ese dueño, no tiene más que mirar quien los está adquiriendo. Bill Gates está acopiando terrenos en USA a un ritmo desenfrenado, por cierto.

 

Repasemos la frase: en 2030 no tendrás nada porque no podrás permitirte comprar nada, nos lo tendrás que alquilar a nosotros, que te lo daremos por un módico precio, como hemos hecho hasta ahora y te daremos todo tipo de servicios para tenerte tranquilo y que seas feliz. En 2030 no poseerás nada pero serás feliz.

 

Y el momento es ahora porque la crisis de la pandemia ha elevado el límite de tolerancia de la población a donde no había llegado jamás. Nos están encerrando en nuestras casas, prohibiendo consumir, limitando las libertades, y nosotros no somos capaces, lo que es peor ya nos hemos acostumbrado a que unos inexistentes expertos decidan casi todo en nuestra vida.

 

Es probable que eso dure poco porque la libertad se busca sus caminos, por eso se tienen que dar prisa.

 

Con el America First de Donald Trump la agenda globalista perdió un tiempo precioso. Trump paró todas las iniciativas mundialistas por el viejo procedimiento de dejar de pagar por ellas, ya que Estados Unidos siempre ha sido el socio financiero. Eso no podía ser, Trump no podía volver a ganar las elecciones, había que hacer todo lo posible, y como reconoció la revista Times, lo hicieron. Con su mandato se produjo una doble conclusión: la agenda no sería posible en términos ideológicos (para que el comunismo conservara el poder) ni en términos financieros (para que las élites conservaran su dinero). Es así cómo se ha producido la a primera vista extraña, alianza entre el poder financiero y el marxismo para impedir que el Trumpismo siguiera gobernando.

 

Pero la historia no acaba cuando ellos quieren, la historia sigue y no está todo escrito, ni mucho menos. Si bien es cierto que en el lado oscuro se han unido las fuerzas para mantener sus intereses, la realidad es que sus leyes son absolutamente irracionales. El nombramiento de un hombre trans como responsable del departamento de salud, que se niega ante Rand Paul a responder sobre el tratamiento de bloqueo hormonal a niños de 4 años. La ley que obliga a aceptar hombres en equipos deportivos de mujeres. La política de cancelación de todo lo que no sea histriónico y divisivo. La nueva actitud ante China, el bombardeo de Siria, el deterioro cognitivo de Biden...y el anuncio de un más que lúcido y en forma Donald Trump de que va a liderar el partido hasta el 2024, pone un horizonte muy negro al progresismo mundial.

 

Dicen los chinos que cuando mayor es el caos, más cerca está la solución, y en este caso es muy cierto. Los ciudadanos ya han vivido de primera mano lo que es la falta de libertad y las consecuencias mortales que tiene para ellos. El Gran Reset y la Agenda 2030 están impulsados por personas, y no son muchas, de hecho, no pasan de unos cientos. No tienen poder legislativo ni ejecutivo, solamente consultivo, sus actos se quedan simplemente en recomendaciones a los Estados. El riego de dinero de la FED y del BCE tiene unas condiciones muy estrictas en lo relativo a la inversión de los gobiernos en productividad, sostenibilidad y cohesión territorial. Nada más. Si los gobiernos populistas tienen intención de gastar ese dinero en ideología, y no en inversiones productivas, la deuda soberana subirá por encima del 120%, y dado que las ayudas están condicionadas, es probable que en 2022-2023 la crisis económica de los países fuerce a Europa, por un lado, y a USA (con las mid-terms1) por el otro, a cambiar de líder. Mientras tanto es el momento de vender eso que no se compra con dinero ni con propaganda: esperanza.

 

Tenemos por delante solamente unos meses para ser audaces en la esperanza. Comunicar las incongruencias de las políticas divisivas de este neomarxismo ideológico, que sabe que se le acaba el tiempo y no han sido capaces de entregarnos ese paraíso prometido en la tierra que, en palabras de Pedro Sánchez, es el socialismo. Puedes engañar a muchos, poco tiempo, y a pocos, mucho tiempo, pero es imposible engañar a todos, todo el tiempo. A medio plazo, apostar contra ellos es apostar a ganar.

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No. 348

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SIRVIENDO A LA SOCIEDAD

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