Empezaremos diciendo que reconocemos que la democracia es un sistema de gobierno que tiene muchísimas imperfecciones.

 

Muchas son las críticas que pueden hacerse a dicho sistema, siendo una de las más sólidas el hecho de que es una injusticia que pueda valer lo mismo el voto de un borrachín analfabeto votando a tontas y a locas que el de un virtuoso catedrático que sabe muy bien lo que está haciendo en esos momentos.

 

Y es que muchas veces quien resulta elegido para un determinado cargo no triunfa porque sea el mejor o el más preparado, sino más bien porque contó con un fuerte apoyo económico que le permitió vender su imagen con la misma eficacia con que se vende un refresco o un cepillo dental.

 

Eso explica que, al contar los votos, se den muchas sorpresas y que resulte elegido quien menos lo merece.

 

Quizás sea ese el talón de Aquiles del sistema democrático.

 

Sin embargo, pese a quien le pese, dicho sistema es el que tenemos aquí en México y gracias al mismo fue posible tanto desbancar al PRI en el año 2000 como que, en 2018, el resentimiento que existía en grandes sectores de la población llevase al poder a un populista que se ha propuesto que México siga los mismos pasos de Venezuela.

 

Dado el bajísimo nivel cultural de la mayoría de los ciudadanos (fruto de siglo y medio de intensos programas antieducativos) nada extraño sería que Morena no solamente conservase el control del Congreso, sino que incluso lo aumentase.

 

Será el cada vez más cercano domingo 6 de junio cuando se celebren las elecciones más grandes de la historia puesto que serán más de veinte mil los puestos que estarán en disputa.

 

Vivimos ya un clima de gran efervescencia política en que cada partido muestra su mejor sonrisa tratando de convencernos de que sus candidatos son los mejores.

 

Las evidentes fallas del sistema democrático, sumadas a la corrupción de quienes ven un cargo público como si fuera un jugoso negocio, han causado una profunda desilusión en los electores.

 

Quizás sea esa una de las explicaciones por las cuales, cuando llega el día de las elecciones, la mayoría se encoge de hombros absteniéndose de ir a votar.

 

El hecho de que haya un elevado porcentaje de abstencionismo a quien favorece es al gobierno actual puesto que Morena posee unas estructuras tan bien armadas que logra que voten casi la totalidad de sus afiliados.

 

¿Podemos imaginarnos lo que ocurriría si todos los que se abstienen (suponemos contrarios al gobierno) acudiesen a votar?

 

El gobierno perdería la mayoría en el Congreso, muchos de los municipios y varias gubernaturas.

 

Ni duda cabe que una pérdida de tales dimensiones le obligaría al presidente López Obrador tanto a moderarse como a negociar con sus opositores.

 

Ahora bien, antes de concluir, algo muy importante: De nada sirve estar descontentos, hacer berrinches e incluso proponerse votar el 6 de junio si no se cuenta con la necesaria credencial de elector.

 

Quienes la gestionaron hace algunas semanas, tienen como fecha límite el 10 de abril para recogerla. Si no la recogen en tal fecha, serán incineradas y se quedarán si votar.

 

No lo olvidemos: FECHA LÍMITE 10 de Abril.

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No. 348

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SIRVIENDO A LA SOCIEDAD

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