Las noticias de los últimos días nos presentan la tragedia que está padeciendo una de las más bellas y pintorescas poblaciones de la provincia mexicana: Taxco, cuyo nombre oficial es Taxco de Alarcón.

 

La clásica población de provincia donde el tiempo parece haberse detenido y que es destino obligado de la mayoría de los turistas –especialmente estadounidenses- que con frecuencia nos visitan.

 

Tienen mucha demanda sus artesanías elaboradas en plata fina y que son muy valoradas en muchas partes del mundo.

Ahora bien, si algo resalta en el entorno es la maravillosa iglesia de Santa Prisca que se debe a la generosidad de don José de la Borda, un emigrante español del siglo XVIII de origen aragonés que hizo su fortuna dedicándose a la minería.

 

Era tan generoso dicho personaje que conforme más caridades hacía, más se multiplicaban sus caudales; tanto así que en la Nueva España de aquella época se hizo popular la siguiente frase: “Dios a darle a De la Borda y De la Borda a darle a Dios”.

 

Desgraciadamente y debido a la implacable peste del narcotráfico todas las bondades de Taxco están a punto de esconderse en el viejo arcón de los recuerdos.

 

Y es que pandillas de desalmados, no conformes con vender drogas para embrutecer a la juventud, han dado ahora otro paso adelante en el camino de perversión puesto que a honrados comerciantes que ni la deben ni la temen les exigen el pago del llamado “derecho de piso”, que es una extorsión que deben pagar quienes viven de su trabajo.

 

Y es que si los comerciantes no pagan, corren el riesgo de que les destruyan sus negocios e incluso los maten.

 

El caso es que los pobladores se aterrorizaron de tal modo que prefirieron bajar las cortinas.

 

Esta decisión ha convertido a Taxco en un pueblo fantasma puesto que son contados con los dedos de una mano quienes se atreven a salir a la calle.

 

¿Cuál será el desenlace a esta tragedia? ¿Qué hacen las autoridades para remediar la situación?

 

Por cierto y ya que hablamos de las autoridades diremos que el presidente municipal de Taxco (de cuyo nombre no quiero acordarme para no “quemarlo” más de lo que ya está) se encontraba en España cuando la situación hizo crisis.

 

Según cuentan los enterados, el alcalde andaba por Madrid dizque promoviendo en una feria el turismo hacia Taxco.

Pudiera ser, la coartada es convincente. Reconozcamos que tuvo muy mala suerte que la bomba haya explotado cuando se hallaba a diez mil kilómetros de distancia.

 

Sin embargo, no es la municipal la única autoridad encargada de darle seguridad a los ciudadanos… ¿Qué está haciendo la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado?

 

Y es que si el problema no puede resolverse a nivel municipal, el siguiente paso debe darse a nivel estatal y si tampoco ellos pueden con el paquete habrá que recurrir a nivel federal pidiendo auxilio a la Guardia Nacional.

 

Al principio mencionamos otra bella población muy similar a Taxco que es San Miguel de Allende en donde miles de norteamericanos han comprado propiedades para disfrutar allí las delicias de su jubilación.

 

Pues bien, en la misma semana en que los comerciantes de Taxco bajaban las cortinas, en San Miguel de Allende eran asesinadas siete personas.

 

Según estamos viendo, las extorsiones, crímenes e inseguridad se propagan como incendio en un pajar.

 

Hace días contábamos que, debido al narcotráfico, Ecuador se encontraba en llamas y al borde de la guerra civil.

 

¿Irá a pasar lo mismo en México?

Quiera Dios que eso no ocurra, pero la triste realidad es que Taxco ha dejado de ser la población de la plata para transformarse en la ciudad del plomo.

Sí, del plomo de las balas…

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